Sus videos tienen un tinte muy delicado, tierno, floral, contrastado por repentinas descargas de violencia que hacen de sus obras una total muestra subversiva y crean un atentado contra los actuales roles de género, sexuales, e incluso sociales. Esta artista juega mucho con la simpleza de composiciones aunado a un enfoque muy directo, y algo inocente. Su obra me parece una crítica mesurada y muy sincera, que no intenta llamar la atención con acciones demasiado complejas o violentas, y esto le da un gran equilibrio entre el peso visual y conceptual de sus videos.


Un elemento que comparte con varios videastas anteriores a ella es que usa el cuerpo humano para sus obras, lo usa desnudo, bailando, hablando, los usa de mil formas. Esto me encanta, porque creo que el cuerpo humano es de los lenguajes que todos podemos entender, no importa que tan diferentes seamos uno del otro generacionalmente, en espacio geográfico o en pensamiento, todos tenemos un cuerpo, y de esto no podemos escaparnos, es una cualidad tan necesaria en el ser humano que parece un símbolo infalible al entendiminto de cualquiera. Para mi, el uso del cuerpo en las obras, es algo así como usar el Esperanto, el lenguaje universal.
Pipilotti y sus instalaciones nos llevan a lugares que no existen, a lugares de ensueño pero que aún pareciendo tan distantes tienen tintes de nuestra imperfecta humanidad, de nuestras contradicciones, y sobre todo de aquellas costumbres que el Siglo XXI trajo con nosotros, y que al reflexionarlas resultan terriblemente incongruentes.
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